Ocho minutos

No es fácil acercarse a una película como Tan fuerte, tan cerca y ser objetivo. Pocas veces una campaña de desprestigio ha sido tan evidente como en este caso y dejarse contaminar por la todopoderosa opinión de los “expertos” no es una labor que requiera esfuerzo. Mucho se ha criticado sobre la condición de nominada a mejor película en la pasada edición de los premios Oscar. La han tachado de manipuladora, ofensiva y hasta la palabra pornografía se ha dejado ver en algún que otro titular para referirse a la cinta más floja de su director. Cierto es que la película hilvana las emociones a la perfección para conseguir la lágrima, aunque permítanme dudar que ese sea el único objetivo de su director.

Ahora bien, en este afán de subirnos al carro de las lapidaciones, hay que ser consecuentes con nuestros argumentos. Aquellos que en su día encumbraron la obra maestra La lista de Schindler, por poner un ejemplo, ¿no sintieron cómo sus lagrimales eran presionados por el dedo de Spielberg? La cinta venía a narrarnos las penurias de los judíos en el mayor holocausto de la historia. Por aquel entonces se recalcó que era una película necesaria para no olvidar, para tomar conciencia, en definitiva para emocionarnos. Jugaba a su favor el momento histórico como ya ocurriera en la anterior y extraordinaria obra de Daldry (El lector). El fascismo alemán quedaba atrás convirtiéndose, para el espectador que no lo había sufrido, casi en ficción. Daldry busca esa vulnerabilidad con otro acontecimiento histórico pero mucho más actual y ahí es donde se la juega. El 11-S lo vivimos como la mayor tragedia de nuestra reciente historia y poner el dedo en la llaga cuando aún no está curada es de una osadía delicada.

Especialista en llevar a la gran pantalla textos prestigiosos, en este caso la novela de Jonathan Safran Foer, autor de la estupenda Todo está iluminado, adaptada al cine por Liev Schreiber, Daldry ha recibido el varapalo que no se esperaba. Aunque resulta curioso que la novela, sin embargo, haya sido un best-seller. Hay algo que se escapa de las manos. ¿Por qué condenamos una película y ensalzamos una novela si ambas relatan la misma historia? No hemos de hurgar demasiado para hallar la respuesta. En las páginas de Safran Foer la situación post 11-S no era más que un contexto en el que se narraban historias dando relevancia a los personajes. Daldry ha elegido la vía rápida. Opta por recrearse sólo en Oskar otorgando un escaso metraje al momento histórico en el que sus abuelos se conocen, algo que la novela describe con tanta vehemencia que emociona.

Tan fuerte, tan cerca habla durante sus dos largas horas de ocho minutos. Ese tiempo en el que si el sol explotara tendríamos luz y calor. Ocho minutos para algunas personas suponen años, o toda una vida. Para Oskar Shell, un inquieto niño de nueve años, esos ocho minutos constituyen el viaje a la madurez anticipada. Aceptar la muerte es un golpe para el que nunca se está preparado. Cuando Oskar descubre una llave en un sobre con la palabra BLACK lo entiende como parte de una herencia dejada por su difunto padre. Ahí comienzan los minutos de luz para el muchacho. Una terapia inverosímil que Daldry maneja con convicción.

Sus orígenes en el teatro se atisban descaradamente en el cine. Posee una eficaz dirección de actores. Descubrió a Jamie Bell e hizo subir a Nicole Kidman y Kate Winslet a por sus respectivos Oscar. Ahora no es menos. La sabia elección de Thomas Horn como el protagonista de Tan fuerte, tan cerca es un gran acierto. La revelación de la película para algunos es la repelencia personificada pero hay que separar el personaje del actor. La fuerza interpretativa del joven no debe quedar en entredicho. Con un personaje que enerva desde los primeros minutos y por el que es casi imposible sentir empatía, Horn no lo tenía fácil. Sin embargo nos hemos de quitar el sombrero ante su magnífico trabajo. Pero no es sólo ésta la interpretación a reivindicar. La mirada, los gestos y las palmas de Max Vox Sydow expresan mucho más que cualquier diálogo de Eric Roth, guionista de la cinta.

Seré perro verde por no encontrarme frente al paredón de Daldry. Al final costó mucho ser objetivo y cuesta aún más reconocer que Tan fuerte, tan cerca no es la obra a la que su director nos tiene acostumbrados pero como dice en un momento el personaje de Tom Hanks “si uno quiere creer siempre encontrará motivos“.


Lo mejor: las escenas que comparten Horn y Von Sydow.
Lo peor: su forzado final.

Sobre nosotros Ulher

En el cine hacer llorar en más fácil que hacer reír, o eso dicen. Sin embargo, cuento con los dedos de una mano las veces que una película me ha hecho inundar el salón. Una tarea complicada la de llegar al corazón. Wenders lo hizo en un peep-show y desde entonces estoy recuperándome. Más tarde llegó Tornatore y casi muero en el naufragio. Con Daldry aún estoy desatando el nudo que me provocó mientras no dejo de maravillarme con la grandeza de los viajes de Kubrick.Amante del cine desde que tengo uso de razón. Crecí con las marujas deslenguadas de Almodóvar. Mi psicólogo de cabecera responde al nombre de Aronofski y los domingos cierro las noches con Wilder.

Un comentario

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