POST Nº 100. Juegos de Mujer

Está claro que el mayor reclamo de Chloe es el excelente casting que Egoyan ha elegido para dar vida a este peligroso triángulo amoroso. Si no fuera por esas correctas interpretaciones la cinta no dejaría de ser un culebrón de sobremesa.
Con aires renovados llega a nuestras pantallas una vez más la historia de una joven manipuladora y un matrimonio en plena crisis de desconfianza. Esto nos suena y mucho pero aquí la lolita se queda a medio gas. No se puede negar que Seyfried es una sabia elección para dar vida a Chloe. Su primera escena es una declaración de intenciones en toda regla. “Puedo ser lo que quieras que sea …” Con esta frase se define el personaje que tan bien sienta a la joven y que nos hace olvidar el candor que proyectaba en Mamma Mía. Junto a ella Julianne Moore, una actriz que, como los vinos, mejora con los años. Pareciera que los personajes con inclinaciones lésbicas estén escritos para ella. Las Horas, Las vidas privadas de Pippa Lee, The kids are all right. Siempre ha defendido papeles complicados sin caer en los tópicos, algo que es de agradecer.
Esto es Chloe. Dos interpretaciones soberbias en una película tan contenida que nos deja con la miel en los labios. Una lástima que la frialdad del guión no deje aflorar un derroche de escenas a las que con facilidad daba lugar.
Sostenía su director que es difícil imaginar una vida sin deseo pero éste no se deja ver por ningún lado. Cuesta creer las actitudes de los personajes femeninos, no están bien descritos y por eso provocan en el respetable una sensación algo gélida.
Puede verse como un thriller tan elegante como sensual pero dista bastante del trailer que nos vendían. Se queda en una descafeinada atracción fatal.

Lo mejor: el tour de force Seyfreid – Moore
Lo peor: la introspección que desprende no deja ver más allá cuando se está deseando

Sobre nosotros Ulher

En el cine hacer llorar en más fácil que hacer reír, o eso dicen. Sin embargo, cuento con los dedos de una mano las veces que una película me ha hecho inundar el salón. Una tarea complicada la de llegar al corazón. Wenders lo hizo en un peep-show y desde entonces estoy recuperándome. Más tarde llegó Tornatore y casi muero en el naufragio. Con Daldry aún estoy desatando el nudo que me provocó mientras no dejo de maravillarme con la grandeza de los viajes de Kubrick.Amante del cine desde que tengo uso de razón. Crecí con las marujas deslenguadas de Almodóvar. Mi psicólogo de cabecera responde al nombre de Aronofski y los domingos cierro las noches con Wilder.

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