El hormigas blancas de Wright Penn

Es cierto que todos tenemos un pasado más o menos interesante y que éste siempre vuelve para cubrir las carencias del presente. Suele ocurrir cuando tenemos una cierta edad. ¿El tiempo pasado siempre fue mejor? Pippa Lee, sobresaliente Wright Penn, parece tenerlo bastante claro. Ha llegado el momento en que su anodina vida en pareja le empieza a pasar factura planteándose lo que ha sido y puede llegar a ser.
La vida privada de Pippa Lee es un balance personal del pasado de su protagonista. A través de una estructura narrativa en forma de continuos flashback vamos conociendo sus raíces, el origen de sus inseguridades, una madre, sobreactuada María Bello, adicta a las anfetaminas que inculca a su hija una serie de valores poco convencionales y un amor que marcará su existencia. De este socorrido modo Rebecca Miller nos destripa las actitudes del personaje principal. Pero el ritmo que emplea la cineasta no permite al espectador empatizar del todo con esa Pippa que en momentos dan ganas de degollarla mientras que en otros te dejas seducir como cualquier quincerañero.
Y es que la gran baza con la que cuenta el film es el fabuloso elenco que la compone encabezado por la ex de Sean Penn que aporta un aire desconcertante al personaje cual montaña rusa y se marca una interpretación comedida pero extraordinaria. El gran error de Miller es dejar todo el peso de la cinta en sus intérpretes que van deambulando por el metraje haciendo lo que mejor pueden. Alan Arkin y la joven Blake Lively dejan un gran sabor de boca pero sobre todo reencontrarnos con Winona Ryder en una caricatura de sí misma sea el momento más esperado de una cinta dramática en la que se echa de menos alguna dosis adicional de ironía que exigía. Aquí radica la aparente simpleza de la cinta, aún siendo nostálgica y tremendamente reflexiva, los intentos de humor se quedan en sólo intentos provocando que el film se quede a medio gas.
Una vez más un reparto magistral no consigue una obra maestra pero sí una película que a más de uno le hará replantearse su futuro a través de su pasado dejando el presente a un lado.

Lo mejor: el trabajo de los actores consigue sacar a flote el film.
Lo peor: que ni los tatuajes de Keanu Reeves logren expresar más que su interpretación.

Sobre nosotros Ulher

En el cine hacer llorar en más fácil que hacer reír, o eso dicen. Sin embargo, cuento con los dedos de una mano las veces que una película me ha hecho inundar el salón. Una tarea complicada la de llegar al corazón. Wenders lo hizo en un peep-show y desde entonces estoy recuperándome. Más tarde llegó Tornatore y casi muero en el naufragio. Con Daldry aún estoy desatando el nudo que me provocó mientras no dejo de maravillarme con la grandeza de los viajes de Kubrick.Amante del cine desde que tengo uso de razón. Crecí con las marujas deslenguadas de Almodóvar. Mi psicólogo de cabecera responde al nombre de Aronofski y los domingos cierro las noches con Wilder.

2 comentarios

  1. Keanu Reeves cada vez es mas pánfilo, compite en expresividad con actores de la talla de Chuck Norris, Tobey McGuire, Jean Claude Van-Damme,… ¿Se nota que no le soporto?

  2. Pues si se nota si ,,, pero a Tobey McGuire hay que seguirle la pista por que en Brothers sorprendió bastante.

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