Fotogramas de diseño

Un sorprendente recital de buen gusto es lo que nos regala el diseñador Tom Ford en su primera incursión en el séptimo arte. El que fuera director creativo de Gucci ha sabido plasmar la elegancia en cada plano y la emoción en cada una de las escenas que conforman esta espléndida ópera prima.
A single man, basada en la novela homónima de Christopher Isherwood, nos ofrece una visión introspectiva del día más decisivo en la vida de George, encarnado de forma magistral por Firth. El día dónde comenzará el final del sufrimiento que lleva engendrando desde la muerte de su pareja.El exquisito guión, escrito por el debutante Ford, consigue involucrar al espectador hasta compadecer a la lista de personajes sin rumbo que divagan por el film. Si bien no es una adaptación en toda regla al incluirse pasajes, fruto de la mente del provocador director, es de agradecer la sinceridad con la que se expone el dolor de alguien que ha perdido el sentido de la vida.
No sólo es el guión lo más atrayente del film ni la dirección de Tom Ford. Colin Firth labra la mejor interpretación de su carrera. Comedido en su caracterización hace tragar saliva al espectador cuando sus lágrimas aparecen en la primera escena. Sin mediar palabra su escasa gesticulación consigue hacernos olvidar su asiduidad a la sencilla comedia. Su partenier, la siempre convincente Julianne Moore, aporta más glamour al film si cabe. Enamorada de su amigo homosexual, fracasada en su matrimonio y victima del sueño americano, el personaje de la Moore es un pastel sin terminar de degustar por falta de metraje y por el deseo de su director de incluir en la cinta, con calzador, a uno de sus modelos fetiche, Kortajarena. Y es que la manera en la que el humo sale de los labios del modelo como si se tratara del guante de Gilda puede incluirse en la lista de escenas más sensuales de la historia del cine.
Para Ford, la historia era lo trascendental, pero si esa historia se engalana con un traje a medida compuesto de una técnica inmejorable, se convierte en una obra maestra. Una fotografía excelente, de la mano del catalán Eduard Grau, proporciona ese toque personal que hace especial a una cinta. En ciertos momentos la personalidad del director tan expuesta en la cinta nos hace recordar a uno de los directores que más pasión plasma es sus trabajos. Almodóvar y Ford tienen mucho en común. El director manchego siempre sabe elegir una banda sonora inigualable pero el prometedor cineasta no se queda atrás sabiendo escoger una impresionante pieza, compuesta por Abel Korzeniowski, para acompañar con melodía esos fotogramas que tanto darán que hablar, esperando que sea así por mucho tiempo.

Lo mejor: que la técnica se funda en un guión tan sincero que emociona en cada escena.
Lo peor: que se entienda como un film para “minorias”

Sobre nosotros Ulher

En el cine hacer llorar en más fácil que hacer reír, o eso dicen. Sin embargo, cuento con los dedos de una mano las veces que una película me ha hecho inundar el salón. Una tarea complicada la de llegar al corazón. Wenders lo hizo en un peep-show y desde entonces estoy recuperándome. Más tarde llegó Tornatore y casi muero en el naufragio. Con Daldry aún estoy desatando el nudo que me provocó mientras no dejo de maravillarme con la grandeza de los viajes de Kubrick.Amante del cine desde que tengo uso de razón. Crecí con las marujas deslenguadas de Almodóvar. Mi psicólogo de cabecera responde al nombre de Aronofski y los domingos cierro las noches con Wilder.

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