COSMOPOLIS / El crepúsculo del capitalismo

“Nos morimos a diario”

Que nadie se eche las manos a la cabeza si alcanza los créditos finales de Cosmopolis sin entender la mayor parte de esta conferencia sobre economía que el maestro Cronenberg ha adaptado de la novela homónima de DeLillo. El mismo cineasta ha declarado recientemente que el objetivo de hacer Cosmopolis no es otro que sembrar la inquietud en el espectador. La incomodidad, no corporal como en sus primeras obras, sino la irritable. Aquella que nos convierte en seres vulnerables ante la incomprensión.

Y es todo un acierto. El profesor Cronenberg nos examina con un folio en el que rebosan respuestas, teorías y sentencias ofreciéndonos la libertad de cátedra para formular las preguntas. Y no es fácil lograr el aprobado con esta metodología.

Toda su obra requiere la entrega del espectador, sin embargo en Cosmopolis esa concesión no es sencilla. No ayuda la verborrea plagada de tecnicismos que emplean los personajes que deambulan por la pantalla ni la claustrofobia inducida como marca de la casa.

cosmo

Si en algo es especialista el canadiense es por incrustarse en nuestra mente y poner el centrifugado, nada es mascado en su filmografía. Desde sus primeros trabajos, donde el terror era un mero vínculo filosófico, hasta sus últimas obras mas academicistas sustentadas en el diálogo, encontramos un director inquieto, preocupado por los movimientos sociales, por la falta de identidad. Cosmopolis, en su fondo, no difiere de sus predecesoras. Ese ambiente malsano, esa sociedad cuestionada tienen cabida en el metraje. Sin embargo, lo que se le achaca son las formas.

La pedantería imperante conlleva a la desconexión. Una conferencia repleta de excesos en la que lo reflexivo enseguida se pierde en un mitin hueco. Si bien somos conocedores de que asistiremos a un enfrentamiento entre el capitalismo y el anarquismo, los caminos hasta el cuadrilatero se hacen exasperantes.

Si Cronenberg quería incomodar lo ha logrado, no le quitemos mérito, pero no de la manera a la que nos tenía acostumbrados. La inquietud planteada por el cuestionado funcionamiento del sistema económico actual deriva en un ejercicio fílmico cuyas idas de olla la convierten en un caos donde las formas apenas dejan vislumbrar un fondo digno de análisis.

cosp

Lo mejor: Pattinson dando vida a un magnate en una cinta anticapitalista por muy paradójico que resulte.
Lo peor: su humor tan absurdo como rebuscado.

✭✭✭✭✭✭✭✭✭✭

Sobre nosotros Ulher

En el cine hacer llorar en más fácil que hacer reír, o eso dicen. Sin embargo, cuento con los dedos de una mano las veces que una película me ha hecho inundar el salón. Una tarea complicada la de llegar al corazón. Wenders lo hizo en un peep-show y desde entonces estoy recuperándome. Más tarde llegó Tornatore y casi muero en el naufragio. Con Daldry aún estoy desatando el nudo que me provocó mientras no dejo de maravillarme con la grandeza de los viajes de Kubrick.Amante del cine desde que tengo uso de razón. Crecí con las marujas deslenguadas de Almodóvar. Mi psicólogo de cabecera responde al nombre de Aronofski y los domingos cierro las noches con Wilder.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

dieciseis − Ocho =

La moderación de comentarios está activada. Su comentario podría tardar cierto tiempo en aparecer.