UN MÉTODO PELIGROSO / Hablemos de sexo

“Sólo los heridos pueden tener la esperanza de sanar”

Cuando el sello identificable de un admirado y visionario director sólo se atisba desde lo más profundo hay dos opciones. Bien dejarnos seducir por un halo nostálgico y sentenciar que nos encontramos ante su obra más academicista o por el contrario, reconocer la genialidad de un cineasta testando nuevas experiencias. El universo creado por Cronenberg en sus primeras cintas no encuentra lugar para acomodarse en Un método peligroso. Ahora es nula la interacción de las máquinas con los humanos así como el uso de las drogas o la realidad virtual para concebir una nueva percepción. Cronenberg se edulcora pero no con azucar. Vale que los frikis del gore verán su último trabajo como un insulto pero de ahí a considerar que el cineasta se hace mayor hay un trecho. Si fuera así, bienvenida vejez cronenbiana nos aguarda.

Precedida de dos joyas en la filmografía de Cronenberg, Una historia de violencia (2005) y Promesas del este (2007), favorables críticas en Venecia y uno de los mejores trailers del año que auguraba un mar de emociones, la última cinta del director de Videodrome (1983) se convertía en la película más esperada del otoño. Y ya se sabe, el que espera, desespera.

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Con unos iniciales títulos de crédito envueltos en las manchas de tinta del test de Rorschach, Cronenberg ya vaticina nuestra asistencia a una terapia. Requiere el esfuerzo del espectador ya que no es tarea fácil salir de su consulta sin lograr buenos resultados. Diálogos densos con empleo casi constante de metáforas, frases que necesitan un bagaje para interiorizarlas y severas críticas a la condición humana cuyo análisis advierte la importancia de un buen reposo para su disección. Por lo que un segundo visionado es esencial para su completo estudio.

La historia basada en la novela “A Most Dangerous Method” de John Kerr, quien también firma el guión de la película, nos traslada a los primeros años del siglo pasado para ser testigos de las relaciones tanto profesiones como personales del psiconalista Sigmund Freud, su colaborador Carl Gustav Jung y Sabina Spielrein, paciente de este último.
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Con un arranque prometedor, en el que los alaridos y aspavientos de una Keira Knightley soberbia pidiendo a gritos un Oscar, el metraje pausado a ratos se va degustando como un buen vino. Las primeras escenas en las que apreciamos como el psicoanálisis empleado por Jung desgrana el origen de la histeria de Sabina dando lugar al fuerte vínculo creado entre ambos rezuma un excelente ejercicio teatral llevado al cine. Con unas poderosas interpretaciones del omnipresente Michael Fassbender y Knightley, la cinta, en este primer acto, se inmiscuye en los recovecos de la mente humana para alcanzar, con la presencia de los personajes de Viggo Mortensen y Vincent Cassel, la vulnerabilidad del cazador.

La evolución de los protagonistas es clave para la resolución. Sus contradicciones y experiencias les hacen tomar caminos opuestos. Mientras que Jung oscila de la formalidad al descontrol, Sabina emprende el viaje del caos al compromiso. Resulta estimulante ver como ambos son marionetas de una sociedad cuyas leyes morales son altamente discutibles. Ahí Cronenberg utiliza el arte para abrir un interesante debate.

Un método peligroso es una obra incómoda, fascinante y ante todo reflexiva. Lapida jugar a ser Dios otorgando varias teorías sustanciales y responde a interrogantes impulsados por la propia sociedad.

Si lo meditamos este nuevo Cronenberg sólo dista en la forma ya que el fondo sigue siendo el mismo. Nunca dejó de emplear el psicoanálisis.

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Lo mejor: la entrega de los actores.
Lo peor: que el envoltorio no la convierta en un producto identificable de su director.

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Sobre nosotros Ulher

En el cine hacer llorar en más fácil que hacer reír, o eso dicen. Sin embargo, cuento con los dedos de una mano las veces que una película me ha hecho inundar el salón. Una tarea complicada la de llegar al corazón. Wenders lo hizo en un peep-show y desde entonces estoy recuperándome. Más tarde llegó Tornatore y casi muero en el naufragio. Con Daldry aún estoy desatando el nudo que me provocó mientras no dejo de maravillarme con la grandeza de los viajes de Kubrick.Amante del cine desde que tengo uso de razón. Crecí con las marujas deslenguadas de Almodóvar. Mi psicólogo de cabecera responde al nombre de Aronofski y los domingos cierro las noches con Wilder.

2 comentarios

  1. Bueno, es obvio que la forma de Croneneberg ha cambiado, aunque quizásel fondo menos, sobretodo teniendo en cuenta esa obsesión suya por la medicina, como constante de su filmografía. Estoy completamenet de acuerdo con tu espléndida crítica. Un abrazo.

  2. Me ha parecido una crítica muy buena, rehlu. Sin embargo creo que Cronenberg es menos fantástico aquí que en anteriores trabajos, de hecho aquí no lo es nada, ni tan siquiera en esa controversia que mantendrá Jung con su maestro que tiene que ver con lo paranormal y que los distanciará irremediablemente.
    Hay sin embargo cosas muy de Cronenberg, como la atracción hacia lo oscuro de algunas personalidades, hacia la corrupción que producirá efectos no sólo en la propia persona que los sufra sino en su círculo más inmediato. Si a eso se le añaden los sentimientos que producen ciertas personas especiales ya tenemos el cocktail explosivo servido. En este caso no llega a explotar, pero la bomba ha caído y ha quedado ahí sin detonar con un evidente peligro para quien se la encuentre, como ha pasado estos días en Alemania con esa tremenda bomba británica de la segunda guerra mundial encontrada bajo el río Rin.

    Un saludo, rehlu.

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