EN EL LÍMITE DEL AMOR / En el límite del bostezo

“El primer amor está bien siempre que lo olvides, el último amor es lo que me interesa” 

Como ocurriera con su anterior largometraje, The Jacket, John Maybury promete más de lo que cumple y ya van dos. Con una ambientación realmente conseguida y unas interpretaciones para nada desmerecedoras, el cineasta se queda a medio camino en este aburrido bio-pic del poeta Dylan Thomas. Aunque más que centrarse en la vida y obra del artista, En el límite del amor nos presenta a las dos mujeres que marcaron su existencia.

En cierta medida lo más atrayente del film es su reparto, encabezado por una Keira Knightley muy sugerente y convertida en la reina de filmes de época convence dando vida a un personaje contradictorio y a la vez encantador. Su compañera de reparto, Sienna Miller, brinda una de sus mejores interpretaciones en el papel de la alocada esposa del poeta. El sector masculino queda en un segundo y lejano lugar. El hermano gay de Cinco Hermanos, Matthew Rhys, no consigue proyectar ni una dosis de credibilidad a su personaje mientras que Cillian Murphy resulta sobreactuado tratando de emular al sorprendente Tobey Maguire de Brothers.

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Pero más allá de las caracterizaciones, la última obra de Maybury deja al espectador al borde del aburrimiento. Ni la estupenda recreación de una época, ni la envolvente banda sonora de la mano de Badalamenti, ni esos labios rojo carmín de la Knightley logran sacar a flote un film que peca de superficial. La amistad entre los personajes femeninos no emociona a pesar de los intentos del director por convertir los últimos minutos en algo lacrimógeno.

El amor del que tanto alardea el film no se contempla por ningún lado dejando incluso al espectador la duda de haberse perdido algo. Además de la ausencia de carácter del guión los reiterados recursos técnicos proporcionan un empacho que por momentos el respetable debe odiar a su creador.

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Lo mejor: las notables interpretaciones femeninas será por lo único que se recuerde el film.
Lo peor: la falta de emoción a un guión contemplativo.

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Sobre nosotros Ulher

En el cine hacer llorar en más fácil que hacer reír, o eso dicen. Sin embargo, cuento con los dedos de una mano las veces que una película me ha hecho inundar el salón. Una tarea complicada la de llegar al corazón. Wenders lo hizo en un peep-show y desde entonces estoy recuperándome. Más tarde llegó Tornatore y casi muero en el naufragio. Con Daldry aún estoy desatando el nudo que me provocó mientras no dejo de maravillarme con la grandeza de los viajes de Kubrick.Amante del cine desde que tengo uso de razón. Crecí con las marujas deslenguadas de Almodóvar. Mi psicólogo de cabecera responde al nombre de Aronofski y los domingos cierro las noches con Wilder.

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