ANTICHRIST / Repugnante viaje al centro de la mente

“Tus pensamientos distorsionan la realidad”

Provocación en estado puro con una técnica brillante. Interpretaciones que rozan la perfección. Absorbente. Son varios titulares con los que Anticristo se puede definir. A pesar de que nos encontramos ante una cinta que no me dejó indiferente (y no para bien) estoy muy de acuerdo con ellos.
El controvertido director no se deja nada en el tintero a la hora de mostrarnos sus angustias asumiendo el riesgo que eso conlleva. En razón de pocos minutos pasamos de unas imágenes excepcionales con una banda sonora estremecedora en el prólogo a una serie de capítulos a cual más esperpéntico. Innecesario son esos primeros planos dónde el dolor sustituye al miedo de los protagonistas aunque si los hacemos desaparecer ya no está presente la provocación a la que tanto nos tiene acostumbrados von Trier.
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Anticristo no va a defraudar a nadie. Los más fieles seguidores del director Danés estarán más que satisfechos con la terapia que les ha preparado. Para sus detractores será una guinda muy sabrosa, pues tienen material para despellejar durante largo rato. Sin embargo un espectador objetivo contemplará las paranoias de una Charlotte Gainsbourg (impresionante) hasta rozar el vómito.
Los caminos que se contemplan en el film como el desespero o la ansiedad tras el sufrimiento resultan pedantes en la forma que están expuestos y sólo algunos lo valorarán de tal forma olvidándose de la naturalidad.Lo mejor: el inmejorable prólogo en blanco y negro. Grabado en la mente por tiempo.
Lo peor: es tan sencillo caer en la provocación como salir de ella sin haber entrado.

Sobre nosotros Ulher

En el cine hacer llorar en más fácil que hacer reír, o eso dicen. Sin embargo, cuento con los dedos de una mano las veces que una película me ha hecho inundar el salón. Una tarea complicada la de llegar al corazón. Wenders lo hizo en un peep-show y desde entonces estoy recuperándome. Más tarde llegó Tornatore y casi muero en el naufragio. Con Daldry aún estoy desatando el nudo que me provocó mientras no dejo de maravillarme con la grandeza de los viajes de Kubrick.Amante del cine desde que tengo uso de razón. Crecí con las marujas deslenguadas de Almodóvar. Mi psicólogo de cabecera responde al nombre de Aronofski y los domingos cierro las noches con Wilder.

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