DETOUR

detour1“NOIR” PSICOLÓGICO

por Carlos Ortega

La mejor película de serie B de la historia. Afirmación tajante y definitivamente osada, toda vez que se necesitarían varias vidas dedicadas en exclusiva al visionado ininterrumpido del prolífico subgénero para poder emitir un juicio contrastado. Sin embargo, y al menos por el momento, estoy muy de acuerdo con la aseveración que abre esta reseña. No comparto, en cambio, la analogía un tanto acomodaticia que afirma de ella que se trata del Citizen Kane (Ciudadano Kane, 1941) que Ed Wood soñaba filmar, en tanto en cuanto supone manchar el buen nombre de un cineasta notable como Edgar G. Ulmer –no en vano formado junto a autores tan rutilantes como Murnau, Wiene, Pabst, Lang y Stronheim-, comparándolo gratuitamente con un terrorista artístico como Wood –asumo que habré recién herido más de un orgullo freak, pero, aviso, no habrá rectificación-. No me resisto, por el contrario, a aportar una correlación de mi propia cosecha que, es probable, resultará igualmente chocante: si la tan extraña como admirable Johnny Guitar (Johnny Guitar, 1954) inauguraba el llamado western psicológico, bien pudiera atribuirse ese mismo mérito fundacional, en lo que al noir se refiere, a esta Detour.

Rodada en una semana con un presupuesto de apenas 20.000 dólares, dignifica la serie B hasta el punto de ser infinitamente mejor película que muchas superproducciones –no sólo actuales, qué duda cabe, sino de todos los tiempos.

Detour es un noir, sí. Un excelente noir, de hecho. Pero es mucho más. Porque aunque encontramos la consabida agudeza dialógica –en su guion hay sentencias de antología- y la oscura, casi ahumada, fotografía en blanco y negro, casi todo en ella resulta atípico y, lo que es más importante, de una modernidad arrebatadora –no olvidemos que fue filmada en 1945, hace ahora 70 años-. Tanto es así que su influencia en autores como David Lynch y Christopher Nolan se sabe evidente y reconocida –pública y notoria, que gustan decir los medios.

Empezando por la narración, en la que un largo flashback se alterna con puntuales planos cortos del desencajado rostro del protagonista y turbadoras secuencias oníricas tan inhabituales para la época como intensamente sugestivas todavía hoy. La casi omnipresente voz en off del desesperado pianista Al Roberts nos conduce por la sórdida historia al tiempo que actúa a modo de flujo de conciencia. Un desconocido –y posteriormente malogrado- Tom Neal no encarna al lacónico tipo duro de uso en producciones de este áspero pelo, sino a un pobre hombre absolutamente pasivo ante los envites del destino –aquí un personaje más, y de no poca relevancia, cuya presencia elíptica no obsta para que su crueldad voluptuosa se abata implacable sobre la inerme especie humana.

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En cuanto a la acostumbrada femme fatale, se trataría más bien de una desdichada que arrastra el profundo trauma de un abuso sexual reciente. La esquizofrénica –no se me ocurre epíteto más ajustado- interpretación que de la misma entrega una Ann Savage sumamente inquietante redondea una obra cumbre a la que, por fortuna, empieza a hacerse justicia sacándola del armario y encomiándola como merece.

Sin más, una joya. Que la disfruten. |✭✭✭✭✭✭✭✭✭✭|

Título original Detour Año 1945 País Estados Unidos Director Edgar G. Ulmer Guión Martin Goldsmith Reparto Tom Neal, Ann Savage, Claudia Drake, Edmund MacDonald, Tim Ryan, Esther Howard, Pat Gleason, Don Brodie, Roger Clark, Eddie Hall, Harry Strang

Sobre nosotros Carlos Ortega

A mí me criaron entre películas. De hecho, la colección de mi padre debe de sobrepasar, de largo, los dos mil títulos. Por cierto que malas, muy pocas. Años más tarde, sabedora de estas sospechosas inclinaciones mías, una novia me regaló una preciosa libreta moleskine, tamaño cuartilla, de crítico cinematográfico que no tardé en ponerme a garabatear. Como tampoco tengo empacho en compartir mis opiniones, una cosa ha llevado a la otra. En cuanto a mis preferencias, me remitiré a Orson Welles cuando, preguntado por las suyas, hizo la siguiente enumeración: John Ford, John Ford y John Ford.

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