EL ÚLTIMO MAGNATE

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EL GUANTE NEGRO

por Time Bandit

El despiadado mundo de los negocios donde se puede subir y subir hasta cimas insospechadas para luego precipitarse hasta el fondo del abismo en un abrir y cerrar de ojos. Es un lugar donde los sentimientos no tienen cabida, sólo cuentan los beneficios. Y la industria del cine en el Hollywood de los años 30, en la era dorada de los estudios, es una buena muestra de ello. Donde una serie de magnates mueven los mecanismos de la fábrica de sueños de la misma forma de la que harían (por ejemplo) tornillos, lo único importante es el dinero que consiguen con ello.

Y es precisamente a esa época donde nos traslada esta historia basada en una novela inacabada de Francis Scott Fitzgerald, y último trabajo dirigido por Elia Kazan, conocido por obras como Un tranvía llamado deseo, La Ley del deseo y Al este del Edén. Narrándonos los sucesos acontecidos desde el punto de vista de su protagonista, Monroe Stahr (Robert de Niro) director de unos estudios de cine, considerado un genio tanto por sus superiores como por sus trabajadores. Deberá aprender tratar con todo tipo de personajes del mundo del celuloide para que éstos cumplan sus objetivos.

Sí que la comprende, o no hubiera preguntado por los cinco centavos.

Ahí es cuando la película nos muestra lo que sucede en las entrañas de un estudio cinematográfico, con todas sus intrigas y sus entresijos. Es cuando ésta adquiere su mayor potencial. Como contrapunto se encuentra la dramática historia de amor de Monroe, insulsa y mal desarrollada, que sólo consigue ralentizar la historia sin añadir casi interés. Afortunadamente, la cosa remonta en los compases finales de la obra; especialmente desde que Jack Nicholson hace aparición.

Otro de los mayores aciertos de la obra es el elenco de secundarios de lujos con los que cuenta, a parte del protagonista de Chinatown, entre ellos destacaría a Tony Curtis en la piel de un actor entrado en años, pero que se ha negado a reconocerlo continuando con su rol (fuera y dentro de pantalla) de galán; hasta que un problema en su vida más intima le ha mostrado la realidad. Jeanne Moreau, como pareja en la ficción (dentro de la ficción) del anterior, una autentica diva egocéntrica, obsesionada en su lucimiento personal y paranoica. Y Robert Mitchum, como dueño del estudio, además que apoderado de Monroe. Los cuatro actores brillan con luz propia en todas sus apariciones, que la verdad, saben a poco.

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Podría haber sido una buena película, pero es tremendamente irregular. Con momentos realmente interesantes, como el discurso del protagonista en su despacho a un guionista rebelde, y el reflejo que tiene la misma al final de la trama. Y la escena de la inundación del plato, sobre todo el momento con las dos chicas a bordo de la cabeza de Buda gigante, que parece sacado de una película de Fellini. Pero la historia de amor, que comienza precisamente en dicha escena, adormece demasiado la trama, rozando lo tedioso; cosa que es imperdonable. El problema hubiera tenido fácil solución, precisamente la misma a la que llegó el personaje de Robert de Niro con la película que estaba realizando en ese momento: cortar 20 minutos. Eso, o haberlos utilizado con más acierto.|✭✭✭✭✭✭✭✭✭✭|

Lo mejor: El retrato de la industria cinematográfica estadounidense de los años 30
Lo peor: La historia romántica del protagonista

Título original The Last Tycoon Año 1976 País Estados Unidos Director Elia Kazan Guión Harold Pinter Reparto Robert De Niro, Jack Nicholson, Robert Mitchum, Jeanne Moreau, Dana Andrews, Tony Curtis, Anjelica Huston, Ray Milland, Seymour Cassel, John Carradine, Theresa Russell, Ingrid Boultin, Donald Pleasence

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