Especial Cannes. SEXO, MENTIRAS Y CINTAS DE VIDEO / Cuatro personajes trastabillados malviven su sexualidad desencajada

Sexo, mentiras y cintas de video fue – para sorpresa de muchos – la triunfadora de Cannes 1989: opera prima del entonces desconocido y veinteañero Steven Soderbergh. Parecía un exceso inopinado para una obrita sobria, estática y de exiguo presupuesto. Pero ya entonces me quedé fascinado por esta atípica propuesta y más de veinte años después me reafirmo en mi apreciación original: es una gran obra, fruto de una mirada madura sobre unos personajes inmaduros, volubles, neuróticos y llenos de deseos desaforados y cegueras vitales. Es una sagaz radiografía de las muchas trampas y equívocos que laten bajo la hipócrita urbanidad de cualquier urbe del maltrecho mundo occidental.

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Propone un estudio coral de personajes en crisis (aunque no lo sepan). Y el fondo que mueve y remueve a todos es el sexo: sexo como pretexto, como refugio, como ausencia, como obsesión, como ejercicio, como evitación, como mentira, como tapadera, como exigencia, como galimatías, como sofoco, como escasez…Es un drama agridulce, con atisbos de tragicomedia bufa, donde la gimnasia verbal es más importante que el puro arrebato biológico.

El estudio que ofrece de sus cuatro protagonistas no puede ser más certero y desolador. Empezando por ese misterioso e impávido observador que cree que al erigirse en mero espectador se asegura la equidistancia y el amparo emocional. Pero es el gran desbaratador, el que desencadena todo, el responsable de que la gente tome conciencia de sus actos. Porque estar en el mundo nos obliga a responsabilizarnos de nuestra faena. Y la esposa acomodaticia y bonachona que acabará reclamando su espacio y su voz. Y la hermana libidinosa, lenguaraz y lúbrica que comprenderá que tras lo físico también hay sentimientos. Y el marido – que al no ver las necesidades de los demás, tampoco es capaz de ver las suyas – por lo que su ofuscamiento porfiado ilustra su deshonestidad y estancamiento, lo cual enfatiza y realza el esfuerzo transformador de todos los demás.

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Sexo, mentiras y cintas de video no es para cualquier paladar… Apenas hay acción – si excluimos los lances de alcoba. Casi todo se reduce a diálogos que parecen no ir a ninguna parte, la gente subsiste llena de incoherencias, ayuna de optimismo, impasible a la fortuna. No gustará a los que evitan enfrentarse a sus fantasmas negados, a sus limitaciones emocionales, a los bloqueos sociales, a los dengues arbitrarios o a las frágiles debilidades concupiscentes. Pero apasionará a los que busquen en el cine una mirada afilada y perversa sobre las oquedades de la vida, sobre los tropiezos impúdicos del ser humano, sobre las contradicciones de la existencia y el planteamiento de preguntas sin respuesta. Un creativo y potente ejercicio de estilo, una sabrosa propuesta de cámara para lujuriosos paladares retorcidos.

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Crítica de Antonalva

Título original: Sex, lies and videotape País: Estados Unidos Director: Steven Soderbergh Guión: Steven Soderbergh Reparto: James Spader, Peter Gallagher, Andie MacDowell, Laura San Giacomo, Steven Brill, Ron Vawter, Alexandra Root.

 

Sobre nosotros Antonalva

La primer película que vi en el cine fue 101 Dálmatas (1961) en alguna de sus muchas reposiciones (Cruella De Vil me persiguió y obsesionó durante lustros). Muchos años más tarde desperté al gran cine deslumbrado por Psicosis y Vértigo de Alfred Hitchcock y mi devoción cinéfila se confirmó al degustar las virtudes de Douglas Sirk, David Lean, Yasujirô Ozu o Max Ophüls. Apasionado del cine oriental, de Hollywood y de las cinematografías periféricas, de gustos sibaritas y omnímodos.

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