Especial Cannes: PARIS, TEXAS / El cine desde la frontera

En 1982, Wim Wenders llegó a Cannes preocupado por el futuro del cine. Era el triunfo de la postmodernidad, el ambiente olía a un agotamiento general en todas las artes y el cine miraba hacia atrás, a esos días que prometían un futuro glorioso. Room 666, el documental que grabó en aquella edición del festival más importante de la industria cinematográfica, es un retrato de una época abocada al cambio, en la frontera entre lo que fue y la oscuridad de lo que será: una habitación vacía del Hotel Martinez, una televisión muda y quince directores frente a una cámara que, igual que la respectiva de Arrebato (1980),  es la encargada de absorberles, desnudar la verdad de sus actos. Este desfile de grandes personajes ya históricos —Godard, Fassbinder, Herzog, Spielberg o Antonioni entre muchos otros que se han ido perdiendo en la segunda fila de la cinefilia— nos muestra un mundo preocupado por la televisión, la industria especuladora de Hollywood o, quizás lo que todos quieren expresar pero no saben cómo decir, el problema de la postmodernidad: el agotamiento de la trama y de los personajes, el fin de un modo de narrar sin visos de reinventarse.

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Pero el desafío no quedó ahí: dos años después Wenders volvió a la Croisette con la cumbre de su carrera, una película que condensa todas las obsesiones y convicciones que articulan su filmografía. París, Texas es un monumento a la importancia radical de las imágenes y, por otro, a ese sentimiento que sólo se puede obtener en una sala de cine, una nostalgia que necesita de mucho más que las palabras.  Una película que condensa sus géneros predilectos, el país que le obsesionó tanto tiempo y donde demostró su prodigioso control de la fotografía, una técnica que, como se ha reconocido en el último Cannes, sigue siendo magistral treinta años después con The Salt of the Earth (2014).  En su Palma de Oro, Wenders hace el mejor homenaje posible a la fotografía en 35 mm, con unos paisajes resplandecientes y un mundo de intensos colores donde la luz enseña y esconde, y que sólo al apagarla despeja todas las sombras.

En Paris, Texas la historia no es transparente sino que es más importante la relación entre los personajes, su pasado silenciado y desconocido que marca todas sus relaciones y que se convierte en su frontera. Es en esta línea divisoria donde se colocan todos, sobre todo Travis quien vive entre México y Texas, entre el silencio y la palabra —que tarda veinticuatro minutos en hacerse notar—, entre la desaparición y la realidad. En su mirada habita la nostalgia de un pasado que no pudo ser y del que se tiene que encargar para colocar todas las piezas que se habían perdido.  Todo ello en camioneta, construyendo una road movie como En el curso del tiempo (1975), y con Hunter quien, al igual que en Alicia en las ciudades (1974), se encarga desde su niñez de eliminar todas limitaciones del mundo adulto.

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El continuo viaje de ida y vuelta por el sur de Estados Unidos, desde Texas a California, es el trayecto hacia la realidad, que rompe la distancia entre los compromisos y los sentimientos, que un día fueron felices y que hoy sólo traen nostalgia. Hay que traer de vuelta a los fantasmas, verlos desde la frontera que es el tiempo y que se cristaliza en el peep show, donde las palabras fluyen sin miradas. La familia se reconstruye pero sin recuperar la sonrisa de los tiempos en película, de lo que fue un día: Jane mira cansada a través del espejo, ajena a lo que se enfrenta, sin la felicidad con la que vivía cuando la felicidad era tan intensa que destruía.

Este año Wenders ha vuelto a la Costa Azul para celebrar el treinta cumpleaños este monumento al lenguaje cinematográfico y a las emociones que sólo el cine puede proporcionarnos. Muchas muertes ha tenido que superar el cinematógrafo, pero París, Texas es la muestra de que el futuro es siempre un mundo en blanco, un desafío para recuperar lo mejor de otra época y crear nuevos caminos, en un constante desafío donde los encuadres construyen, con imágenes, el mundo en el que nos vemos, con el que sufrimos y donde siempre encontraremos algo de nuestros sueños.

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Crítica de Pilar Torres @espectaculo314

Título original Paris, Texas Año 1984 País Alemania del Oeste Director Wim Wenders Guión Sam Shepard Reparto Harry Dean Stanton, Nastassja Kinski, Dean Stockwell, Aurore Clément, Hunter Carson, Bernhard Wicki.

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