LOS ÚLTIMOS DÍAS / El Apocalipsis según Sant Jordi

 

“Yo tengo una novia, ¿qué tienes tú?”

A quien más y a quien menos le gusta vislumbrar su ciudad, a golpe de click infográfico, convertida en mundo futurista, invadida por alienígenas o por muertos vivientes, o devastada por diversos fenómenos naturales. Todo desde la comodidad de una butaca que una vez abandonada nos devuelve la imagen fiel de nuestra realidad sin ningún rasguño. Una evasión que el cine nos ha concedido con mayor o menor acierto y que vistos los resultados, los hermanos Pastor no han descubierto América.

Los últimos días pertenece al género de la ciencia ficción y como tal no puede permitirse la triste idea de arrancar bostezos desde un inicio descafeinado. Con un punto de partida atractivo que haría las delicias de un Spierlberg en ciernes, el filme pincha en su estructura narrativa. El reiterado uso de flashback no contribuye precisamente a dotar de agilidad un guión agotado, insistente, débil por muy excelente que sea el envoltorio.

A sabiendas del gancho que supone una epidemia de agorafobia en una Barcelona de postal, la película pasa de puntillas por una metáfora necesaria. No indaga en el origen y apenas en las consecuencias. Viene a constituir una terapia muy pobre, escasamente testada para causar efecto. Tal vez esta bicefalia creativa prefiera el impacto visual a la reflexión y ahí han dado en la diana. Con una factura técnica impecable que desmantela el modernismo de la ciudad condal, consiguen una ambientación que no admite reproches. Aunque curiosamente en su mayor virtud veamos el handicap. Es evidente que al tratarse de un producto nacional con semejante empaque irremediablemente resaltemos su made in. ¿Acaso los Bayonas y Amenábares no han dejado el pavimento pulido? Aún así, somos tan reacios e incrédulos que achacamos la falta de ideas a una falta de fondos.

ULTIMOS DIAS2
 
 
Para adictos a la pintura de postguerra.
 
Lo mejor: el caos en el transbordo de Sants.
Lo peor: que una vez abierto el envase el producto se eche a perder con tanta rapidez.

✭✭✭✭✭✭✭✭✭✭

Sobre nosotros Ulher

En el cine hacer llorar en más fácil que hacer reír, o eso dicen. Sin embargo, cuento con los dedos de una mano las veces que una película me ha hecho inundar el salón. Una tarea complicada la de llegar al corazón. Wenders lo hizo en un peep-show y desde entonces estoy recuperándome. Más tarde llegó Tornatore y casi muero en el naufragio. Con Daldry aún estoy desatando el nudo que me provocó mientras no dejo de maravillarme con la grandeza de los viajes de Kubrick.Amante del cine desde que tengo uso de razón. Crecí con las marujas deslenguadas de Almodóvar. Mi psicólogo de cabecera responde al nombre de Aronofski y los domingos cierro las noches con Wilder.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

16 + dieciocho =

La moderación de comentarios está activada. Su comentario podría tardar cierto tiempo en aparecer.