VOLVER A NACER / Rastrojos del alma

” Era más fácil andar por la guerra que caminar entre las ruinas”

Adaptar una novela como La Palabra más hermosa no sólo requiere agallas sino ser consciente de que semejante texto puede llegar a ser inadaptable. La novela abarca una retaíla de temas que tienen una cabida inagotable en sus más de quinientas páginas. Desde el drama de la infertilidad hasta temas sociales de rigurosa actualidad como la adopción subrogada y todo ello bajo el marco de la guerra de los balcanes. Cuestiones que en las páginas de Mazzantini adquieren un relevante poder emotivo mientras que en una cinta de dos horas es remotamente imposible llegar a ese puerto. Más aún cuando su director es el mayor fan de la novela (su mujer es la autora) y no ha querido dejar de homenajear todos y cada uno de los detalles que conforman esta desgarradora obra literaria.

No es de sabios abogar por la exigencia y complejidad de adaptar un texto frente a un original. La libertad en el desarrollo de ese guión tiene las alas cortadas. El talón de Aquiles de Volver a nacer radica precisamente en este punto más allá de las nefastas críticas irracionales que está cosechando. Alguien debería dejar claro a Castellitto que para emocionar hay que llegar al fondo. A diferencia de lo que gran sector de la crítica defiende, la película no carga las tintas como debiera. Y con esto no hago alusión a los planos estudiados donde la sangre es la protagonista. La emotividad, el sentimiento latente en las páginas de la autora no encuentra en la cinta su proyección. La obsesión, el amor, los miedos del personaje principal sólo se atisban desde la lejanía. El director no hurga en la herida para no perder metraje. Fiel a su ideal, a una superflua adaptación, opta por otros derroteros. Se pierde en la presentación de personajes metidos con calzador, que no aportan valor al eje central.

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Asumiendo que Volver a nacer adolece de la garra que presumía el texto en el que se basa, está siendo injustamente vilipendiada por la crítica y por un público parte contaminado y parte obcecado en hacer de la actriz española más internacional pasto de las malas lenguas. No es fácil enfrentarse a un registro como éste para cualquier actriz y aunque se realce la interpretación de la madrileña, no hay que escandalizarse si pensamos que el papel de Gemma le ha superado. Vale que en la recta final está soberbia pero en esta ocasión no ha estado bien dirigida.

Y la vida se ríe de nosotros como una puta vieja y desdentada mientras nos la follamos sin abrir los ojos y soñamos con el culo de una joven doncella

Bajo este certero y subyugante poema, que en un momento dado le escribe Gojko a su amiga Gemma cuando ésta le confiesa sus traumas, la cinta se asoma a la ventana para vislumbrar un momento memorable. Digiriendo ese poema nos adentramos en el alma de la persona a quien va escrita y ahí es donde Castellitto debía haber apostado. El personaje de Gemma es un cartucho destinado a agotar. A rozar el corazón.

Es cierto que Volver a nacer no es una obra para el recuerdo, ni conforma el trabajo más brillante de su equipo pero lejos está de ser un insulto o de generar carcajadas como se ha llegado a decir. Es una cinta que se ha visto embriagada de las intenciones de su director y que en ciertos momentos pega tumbos pero que logra salir a flote en un mar de tiburones.

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Lo mejor: la escena de Cruz subiendo las escaleras para encontrarse con un pasado desconocido. El temor en su mirada es impagable.
Lo peor: querer ser sumamente fiel a la obra original sin golpear fuerte cuando hay que hacerlo.

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Sobre nosotros Ulher

En el cine hacer llorar en más fácil que hacer reír, o eso dicen. Sin embargo, cuento con los dedos de una mano las veces que una película me ha hecho inundar el salón. Una tarea complicada la de llegar al corazón. Wenders lo hizo en un peep-show y desde entonces estoy recuperándome. Más tarde llegó Tornatore y casi muero en el naufragio. Con Daldry aún estoy desatando el nudo que me provocó mientras no dejo de maravillarme con la grandeza de los viajes de Kubrick.Amante del cine desde que tengo uso de razón. Crecí con las marujas deslenguadas de Almodóvar. Mi psicólogo de cabecera responde al nombre de Aronofski y los domingos cierro las noches con Wilder.

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