EL LADO BUENO DE LAS COSAS / Como locos

“El amor verdadero es dejarla ir y ver si regresa”

No le faltaba verdad a Nietzsche cuando afirmaba que en el amor siempre hay algo de locura y en la locura siempre hay algo de razón. Pat Y Tiffany son el claro ejemplo. Él acaba de salir de un sanatorio mental dispuesto a recuperar lo que le hizo perder la cabeza. Ella la extravió al fallecer su marido. Se necesitan más de lo que en un primer momento creen y con la simple intención de rescatar lo que aparentemente les pertenece inician una relación de amistad. El mejor tratamiento a su enfermedad. Con esta premisa da el pistoletazo de salida el último trabajo de David O. Russell. Una película que no necesita de grandes alardes para sustentarse y llegar a donde pretende. Emociona desde la sencillez y eso en los días que corren no lo pueden decir todas. Tiene el don de conectar con ella desde los primeros acordes. Una película que respira encanto por los cuatro costados. Que invita a ser partícipe de ella.

Cuesta enumerar los motivos que la hacen irresistible. Como si se tratara del amor que se percibe en los personajes es mejor sentirla que estudiarla. Teje los hilos sobremanera para sembrar la sonrisa en el espectador y hacer que perdure durante y después de su visionado. Es de reconocimiento que con tan poco y selecto material se consiga parir una obra que sin ser maestra deje tan buen regusto. Porque su director ha conseguido no sólo calar hondo sino sembrar las ganas de repetir esta experiencia de la mano de una Jennifer Lawrence que desborda maestría en un caramelo de interpretación dando la réplica a un emergente Bradley Cooper en una compleja y plausible actuación. Un tándem que ya ha encontrado su espacio en los recovecos de la memoria cinéfila.

 

silver

Reconociendo una fobia personal por las comedias románticas, en El lado bueno de las cosas sólo se atisba reminiscencias al género en un necesario y pasteloso tramo final, sin embargo se me antoja obligatorio ese desenlace sin derecho a súplica por parte de O. Russell. Si después de una hora y media aguardando la felicidad de la pareja protagonista, el inventor de todo esto les hace daño, mi instinto protector y el de más de uno hubiera sacado las garras. No nos engañemos. Pocos apostarían por otro tipo de final. Previsible sí, condescendiente también pero indispensable ante todo.

Lo mejor: los fascinantes diálogos de sus protagonistas servidos en unas interpretaciones para el recuerdo.
Lo peor: que sus ocho nominaciones a los Oscar puedan crear falsas expectativas.

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Sobre nosotros Ulher

En el cine hacer llorar en más fácil que hacer reír, o eso dicen. Sin embargo, cuento con los dedos de una mano las veces que una película me ha hecho inundar el salón. Una tarea complicada la de llegar al corazón. Wenders lo hizo en un peep-show y desde entonces estoy recuperándome. Más tarde llegó Tornatore y casi muero en el naufragio. Con Daldry aún estoy desatando el nudo que me provocó mientras no dejo de maravillarme con la grandeza de los viajes de Kubrick.Amante del cine desde que tengo uso de razón. Crecí con las marujas deslenguadas de Almodóvar. Mi psicólogo de cabecera responde al nombre de Aronofski y los domingos cierro las noches con Wilder.

2 comentarios

  1. ‘El lado bueno de las cosas’ se diluye en la nada. Lo que podría haber sido una comedia diferente y memorable, termina siendo de una gazmoñería grosera. Las interpretaciones, bueno, y qué le está pasando a De Niro? Un saludo!!!

  2. Ocho nominaciones a los Oscar me parecen excesivas. Se está cuestionando mucho su desenlace pero a mi me parece correcto. Nada grosero. Edulcorado si pero yo me fui del cine con una sonrisa, cosa que me cuesta mucho.

    Un saludo!!

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